Historia

El banco de emisión (1857-1874)

Los primeros intentos por constituir un banco en Santander datan de 1843 y posteriormente, en 1854, Antonio Gutiérrez Solana, Juan Antonio Casares y el Barón de Atzaneta solicitan autorización para crear un establecimiento de emisión y descuento en la capital cántabra. Sin embargo, no sería hasta la aprobación de la nueva ley de bancos el 28 de Enero de 1856 cuando se sienten las bases legales para la constitución de bancos y sociedades de crédito. A partir de este momento, la administración hubo de decidir sobre la concesión para el nuevo establecimiento entre tres peticiones formuladas, una vez que el Banco de España renunció a abrir sucursal en Santander: la primera fue la encabezada por Gutiérrez Solana, que resultó rechazada por defectos de forma, al haberse presentado antes de la promulgación de la ley de bancos; la segunda solicitud provenía del Crédito Mobiliario Español, sociedad de capital francés dirigida por los hermanos Péreire que trató de establecer bancos de emisión en Santander, Bilbao, Valencia, Sevilla y otras capitales de provincia españolas, pero que hubo de abandonar ante la posición adversa de la opinión pública. En definitiva, la única petición con posibilidades resultó ser la presentada por un amplio grupo conformado por los más importantes comerciantes de la ciudad, que por Real Decreto de 15 de Mayo de 1857 recibían autorización en las personas de Gerónimo Roiz de la Parra, Juan de Abarca, Antonio Labat, Bonifacio Ferrer de la Vega, Antonio López-Doriga y Agustín G. Gutiérrez para la instalar un banco de emisión y descuento en Santander con un capital de 5 millones de reales representados por 2.500 acciones de 2.000 reales cada una.

El 20 de Agosto el establecimiento abría sus puertas en los bajos del antiguo Palacio de Pombo, con acceso principal por la calle del Martillo. El primer consejo de administración estuvo compuesto por Juan de Abarca, Domingo Díaz Bustamante, Gerónimo Roiz de la Parra, Luis Gallo, José María Aguirre, Juan Pombo, Aureliano de la Pedraja, Antonio Labat, Antonio Cortiguera, Agustín González Gordón, José Felipe Alvear y Bonifacio Ferrer de la Vega. Antonio del Diestro fue nombrado secretario y José Antonio Cedrún se convirtió en el primer director gerente de la entidad. Higinio Polanco resultó designado comisario regio, figura similar a un interventor del gobierno sobre los bancos de emisión provinciales. La plantilla del establecimiento estaba compuesta por trece personas.

Constituido como instrumento financiero para facilitar el comercio portuario con los territorios ultramarinos que representaba la base de la economía local, el Banco de Santander tuvo una primera etapa floreciente que abarcaría desde su fundación hasta 1863. Centrado fundamentalmente en una política comercial, financiando el capital circulante de las sociedades mercantiles a través de préstamos y descuentos, el banco logra un incremento de sus activos del 115% entre 1857 y 1860. Este último año el capital social es ampliado hasta completar los 7 millones de reales. Entre 1860 y 1863 la tasa de crecimiento se reduciría apreciablemente.

El período 1863-1868 coincide con un momento de crisis comercial, ferroviaria y financiera que arroja a la quiebra a gran parte de las entidades de crédito del país, entre ellas a las dos santanderinas Crédito Cántabro y Unión Mercantil, embarcadas en la financiación a largo plazo del ferrocarril de Alar del Rey a Santander y en diversas obras públicas. Sin embargo, el Banco de Santander alcanza el “milagro financiero” de la supervivencia en condiciones sumamente adversas, a través de una política de prudencia que caracterizará su trayectoria: aumento de las partidas de valores en depósito en detrimento de los préstamos, que pierden peso en el activo total; una política de altos tipos de interés y de reducción de la oferta monetaria, especialmente en lo que se refiere a la circulación fiduciaria, permitieron al banco emisor salir más que airoso de una coyuntura de crisis generalizada. Desde 1862 se situaría en la gerencia de la entidad Antonio del Diestro, abogado que lo dirigiría con mano hábil hasta su muerte en 1896.

A partir de 1868 la situación es de clara recuperación, en el marco de la revolución que arroja de España a Isabel II; vencido el miedo a una crisis de liquidez, disminuye el encaje metálico, aumenta el dinero neto y la circulación fiduciaria, descienden los tipos de interés (del 10% al 4,5%) y la actividad en cartera aumenta de forma notable. La crisis de la última guerra carlista (1872-1876), que castiga a las provincias vascas, hace fluir el dinero hacia Santander, creando una pequeña “edad de oro”, tan efímera como artificial, que concluye con la paz y el decreto Echegaray de 19 de Marzo de 1874 sobre la concesión del monopolio de emisión al Banco de España. Rechazando el Banco de Santander la fusión con éste último, ve retirada su capacidad emisora y es obligado a reconstituirse el 14 de Enero de 1875 como sociedad anónima de crédito, conservando los mismos activos y accionariado. La apertura de una sucursal por el Banco de España en Santander ese mismo año introdujo un elemento de competencia más formal que real, en tanto las dos entidades locales mantuvieron cifras de negocio bastante equilibradas, salvo situaciones excepcionales.

La sociedad de crédito (1874-1919)

Entre 1875 y 1895 se extiende un período de crecimiento moderado que contrasta un tanto con la gran etapa alcista que se da en el resto del país. La plaza de Santander, sin embargo, se resiente notablemente del descenso de la exportación de harinas por su puerto, lo que retarda su crecimiento. Sin embargo, esta relativa independencia con respecto a la evolución financiera del resto de España permite al Banco de Santander no acusar apenas la gran sacudida de la crisis de 1882 posterior a la febre d’or, que acaba siendo catastrófica para la banca catalana. El período se cierra con un quinquenio de crisis (1890-1895), que hace replegarse al Banco de Santander hacia posiciones más conservadoras. En 1896, tras el fallecimiento de Antonio del Diestro, alcanza la gerencia Rafael Botín y Aguirre, iniciando así una vinculación del apellido Botín con la entidad que dará a ésta un sello característico como banco familiar, que aún conserva.

La pérdida de las colonias en 1898 supuso, sin embargo, un fuerte revés para el banco en tanto marcó el fin de la economía portuaria basada en la exportación de harinas y la importación de productos ultramarinos. Mientras la economía de Cantabria avanzaba a gran ritmo hacía un próspero ciclo minero industrial que se extendería hasta el inicio de la Primera Guerra Mundial, el Banco de Santander se aferraba a sus antiguas prácticas comerciales, permaneciendo aletargado mientras sus competidores, y en especial el Banco Mercantil, experimentabas fuertes incrementos en sus activos. Ni siquiera la ampliación de capital en 1899, que lo dobló hasta situarlo en los 3.500.000 pesetas, evitó que en el plazo de trece años el antiguo Banco de Santander viera cómo el liderazgo de las finanzas regionales le era arrebato por su joven competidor, tanto en recursos propios como ajenos.

La expansión regional (1919-1935)

Tras el período expansivo de la Primera Guerra Mundial el banco comienza a reaccionar mostrando un mayor dinamismo financiero de la mano de Emilio Botín López, nombrado presidente de la entidad en 1920. Su presidencia (1920-1923) traerá una serie de positivos cambios en la marcha de la entidad: en primer lugar, el cargo deja de ser rotatorio, como venía ocurriendo desde su fundación, en detrimento de la operatividad del negocio; en segundo lugar, en 1920 se produce una ampliación de capital que lo lleva hasta los 10 millones de pesetas, al tiempo que se inicia una decidida política de reservas. Éstas pasan de los 3,2 millones de 1920 a los 8,8 millones en 1935. Sólo hasta 1928 el coeficiente de autofinanciación creció un 240%. También en estos años comienza a desarrollarse, si bien tímidamente en sus inicios, una verdadera política de expansión de sucursales: en 1921 el Santander suscribió la mitad del capital del nuevo Banco de Torrelavega, contando desde entonces con una entidad filial presente en la capital del Besaya, Cabezón de la Sal y Molledo-Portolín. 1923 trae consigo la inauguración de las primeras sucursales propiamente dichas, que fueron, por este orden: El Astillero, Santoña, Sarón, Potes, San Vicente de la Barquera, Reinosa, Ampuero y Comillas. Si bien con notable retraso con respecto a su competidor el Banco Mercantil, la extensión de la red operativa del banco cobró ese año de 1923 un considerable vigor. En 1935 contaría, además de la casa matriz, con 16 sucursales en la provincia y una en Riaño (León). La participación del Banco de Santander, junto con otros establecimientos regionales y casas de banca, en la constitución del Banco Central en 1919 supuso también un intento de buscar áreas de negocio más allá del ámbito regional.

Pero al igual que en su organización, el banco va a experimentar también cambios sustanciales en su política inversora, convirtiéndose en estos años en un verdadero banco mixto, con una situación muy equilibrada entre su cartera comercial y de valores. En ésta última no sólo dominaba la deuda pública, garantizada su liquidez por las condiciones que el sistema de monetización indirecta en el Banco de España le concedía, sino una creciente variedad de títulos privados entre los que sobresalían los de otras entidades bancarias, minería, industria química, metálica y eléctrica.

La crisis de los años 30 golpeó con fuerza al banco, al igual que a sus competidores, tanto regionales como sucursales de la banca nacional establecida en Santander (Banco Español de Crédito, Banco Hispano-Americano y Banco de Bilbao). El año de 1930 es igualmente el de la entrada como consejero de Emilio Botín Sanz Sautuola, que alcanzaría la dirección general en 1934.

La Guerra Civil (1936-1939)

De manera análoga a lo acontecido en el resto de ámbitos de la vida española, la Guerra Civil supuso la fractura y división del sistema bancario español en dos cuerpos opuestos y separados tanto física como legalmente. Esta ruptura de la propia unidad de la empresa siguiendo la línea que los acontecimientos bélicos y políticos marcaban afectó de forma distinta a los bancos con sede social en Cantabria. Así, la red de sucursales del Banco de Santander continuó en su mayoría en zona leal a la República (72,72%), en tanto las oficinas en territorio controlado por los militares rebeldes suponían tan sólo el 27,28%. Ello se debió a la aún escasa implantación del Banco de Santander más allá de los límites de su región de origen.

Con una red comercial dividida en dos mitades que correspondían a la fractura política del país, las oficinas radicadas en territorio bajo control de la República continuaron obedeciendo a la administración de la sede social de Santander, mientras las abiertas en el territorio franquista tuvieron su cabeza en la sucursal de León.

Al igual que en otros puntos del territorio bajo administración republicana, en Santander resultaban visibles los efectos del éxodo de personal bancario hacia la zona franquista o, sencillamente, el abandono de su actividad en la banca. Tenemos constancia de que los presidentes de los dos bancos regionales, ambos de avanzada edad, permanecieron en la ciudad: Isidoro del Campo Fernández-Hontoria y Saturnino Briz Larín, respectivamente del Banco Mercantil y del Santander. Sin embargo, gran parte de sus consejeros se encontraban ausentes o sin disponibilidad para cumplir sus obligaciones en los consejos de administración. Por lo que respecta al Director General del Banco de Santander, Emilio Botín Sanz de Sautuola, queda constancia documental de su permanencia en Santander a 1 de octubre de 1936, cuando comparece en acta notarial para recoger testimonio de la apertura de algunas cajas de depósito de la entidad por parte del Director General de Finanzas, Antonio Moya Ortega. Sin embargo, poco más de un mes después, el 9 de noviembre, en un acta notarial similar el Banco de Santander es ya representado por Gabino del Castillo Cagiga, compareciendo en calidad de sub-director. Así pues, podemos concluir que entre octubre y noviembre de 1937, Emilio Botín se trasladó a la zona franquista –presumiblemente a la sucursal del Banco de Santander en León, cabecera de su red operativa en aquel territorio– ya que no se vuelve a observar su presencia en ninguna otra documentación generada por la administración republicana de la provincia de Santander.

La caída de Bilbao en poder de las tropas franquistas el 19 de junio de 1937 supuso el inicio del fin del frente norte. Con la ocupación militar de Vizcaya, miles de refugiados vascos se vieron desplazados hacia la vecina provincia de Santander. La primera de las medidas dispuestas para garantizar la evacuación bancaria de Santander se tomó el 28 de junio de 1937, sólo nueve días después de la toma de Bilbao por los franquistas. Ese día, y con el fin de “aumentar la eficacia del control de todas las operaciones bancarias, a cuyo efecto conviene centralizarlas simplificando todos los servicios”, la Consejería de Hacienda ordenaba a la banca privada el cierre de todas sus sucursales radicadas en la provincia de Santander, con la excepción de las localizadas en la plaza de Torrelavega. El presidente del Gobierno y ministro de Hacienda y Economía, Juan Negrín, firmó el día 22 de agosto una serie de decretos encaminados a conservar para el régimen republicano el control de los recursos del sistema bancario cántabro.

La primera de esas disposiciones ordenaba “a todos los establecimientos bancarios y de ahorro nacionales en el territorio de las provincias de Santander y Asturias, que evacuen de dicha zona el metálico, billetes, bienes, valores y efectos que pertenecen a su activo, así como aquéllos que tuvieran confiados a su custodia por su respectiva clientela en depósitos de todas clases. El martes día 24 la Consejería de Hacienda decide finalmente el “inmediato embalaje de los libros y ficheros de cuentas corrientes y caja de ahorros, así como también del encaje en efectivo que haya en caja, depositando las cajas en la sucursal del Banco de España.” La mañana de ese mismo día se producía finalmente la evacuación de los recursos bancarios. Dado lo apurado de la situación, los emisarios del Ministerio de Hacienda y Economía, así como los responsables santanderinos, comprendieron la imposibilidad de trasladar a Valencia el gran número de cajas conteniendo el activo de los bancos locales depositadas en la Consejería de Hacienda y sucursal del Banco de España, por lo que finalmente se decidió efectuar el transporte hacia Gijón, para lo que se dispuso un tren especial que ese mañana partió de Santander con destino a la ciudad asturiana.

Finalmente –y a tenor de la tardía fecha en la que fueron incorporadas a la Caja de Reparaciones numerosas alhajas procedentes de la evacuación santanderina– las cajas de joyas, metales preciosos y objetos artísticos no fueron sacadas de Gijón por vía aérea, sino que, como el resto de bienes, hicieron su salida en una misma embarcación. Desconocemos cuándo exactamente zarpó ésta, pero sí sabemos que se trató del vapor griego “My Doll”. A partir de aquí, sin embargo, las vicisitudes de tan valioso cargamento antes de llegar finalmente a su destino en la zona republicana se prolongaron mucho más de lo esperado en un primer momento.

Al poco de salir del puerto de Gijón, los responsables de los bancos de Santander tuvieron detallado conocimiento de este viaje – “gracias a un servicio previamente organizado, por nosotros”–, por lo que se apresuraron a reclamar la propiedad de los bienes transportados antes las autoridades judiciales del puerto de destino: El Havre, en Francia. El Tribunal del Departamento de esta ciudad decidió el embargo solicitado por los bancos santanderinos, quedando el cargamento custodiado en los depósitos o almacenes del puerto francés. Esta medida fue confirmada en el pleito que promovieron las autoridades republicanas para su recuperación. Producido este fallo, los republicanos apelaron a la Audiencia de Rouen, alegando que el embarque había sido realizado a nombre del Gobierno de la República y consignado a la embajada de ésta en París. Como consecuencia de esta apelación, a principios de enero de 1938, la Audiencia de Rouen tomó resolución favorable a las pretensiones del Gobierno republicano y los bienes bancarios evacuados de las provincias Santander y Asturias llegaron finalmente a la embajada española en París, donde permanecieron hasta el 12 de enero de 1938. Casi inmediatamente fueron reexpedidos a territorio republicano, a la ciudad de Barcelona, donde se hallaba instalada la sede del Gobierno. A los bancos santanderinos tan sólo les restó apelar al Tribunal Supremo de París, sin consecuencia práctica alguna, pues la decisión de éste no podía tener efectos suspensivos en cuanto al levantamiento del embargo decretado por la Audiencia de Rouen. Asimismo, se realizaron otras reclamaciones por la vía diplomática para evitar la salida de los bienes bancarios de Francia, con el mismo resultado infructuoso.

Llegado a Barcelona, el patrimonio de la evacuación bancaria de Santander fue depositado en una de las sucursales del Banco de Vizcaya en la ciudad condal. Los bienes de la sucursal del Banco de España en Santander lo fueron en la correspondiente oficina del banco emisor y los de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad quedaron custodiados en otra sucursal del propio Banco de Vizcaya. Convertidas en nuevas sedes sociales en territorio republicano, en ellas los comités directivos dispusieron la enajenación por parte del Estado de determinados activos bancarios. Tanto en el caso del Banco de Santander como del Mercantil, la administración republicana decidió la disposición de todos los títulos y valores extranjeros, bien propiedad de los bancos o de sus clientes. Era ésta una medida amparada en la legislación sobre la cesión al Estado del oro amonedado o en pasta, divisas y valores extranjeros promulgada el 3 y 10 de octubre de 1936 y reformada el 16 de ese mismo mes con otra norma ministerial donde se expresaba que “en cualquier momento el Estado podrá sustituir la obligación expresada en el artículo 3º citado [del decreto de 10 de octubre de 1936] por el abono al titular del importe efectivo, en pesetas, de la liquidación en el momento en que el Estado estime oportuno enajenar los referidos valores.” Finalmente, una orden de 4 de enero de 1937 dictaba a los bancos la entrega en el Banco de España de todo el oro, amonedado o en pasta, las divisas y los valores extranjeros para su cesión al Centro Oficial de Contratación de la Moneda previa liquidación de su valor en pesetas. No cabe duda, por tanto, de que la enajenación de los valores extranjeros de los bancos santanderinos se hizo en todo momento de manera ajustada a las leyes promulgadas por el Gobierno de la República. De igual forma que lo sucedido con los valores españoles con cotización en el exterior, que según el artículo 2º del citado decreto de 10 de octubre de 1936, también podían considerarse como “valores extranjeros”: “Se considerarán valores extranjeros los títulos cuyos intereses, amortización o cualesquiera otro derecho sean pagadero, bien por opción del tenedor o por disposición expresa de la emisión, en oro o divisas extranjeras, incluso los cupones sueltos de los mismos, sea cual fuera la nacionalidad de la entidad emisora.” La respuesta de los bancos santanderinos a la enajenación de estos títulos fue, la denuncia ante la pertinente comisión del Ministerio de Negocios Extranjeros así como el recurso a la justicia ordinaria –caso del Banco Mercantil– en defensa de los derechos de los titulares de los valores para evitar su negociación en el mercado internacional.

Por lo que se refiere a la recuperación de los valores evacuados de Santander que no fueron enajenados por el Gobierno republicano, su suerte quedó decidida en los últimos días de la presencia de éste en Barcelona. En efecto, el 23 de enero de 1939, cuando la situación militar republicana en Cataluña era ya más que angustiosa, los comités directivos de todos los bancos presentes en Barcelona –incluidos, por tanto el Banco de Santander y el Mercantil– celebraron una reunión de urgencia para tratar sobre la evacuación de los valores y documentación de los bancos fuera del país. Según informaba Emilio Botín al santanderino El Diario Montañés, a esa reunión asistieron también altos funcionarios afectos a la causa franquista y que contaban con la confianza de los bancos a los que representaban. Estas personas convencieron a los comités directivos de la necesidad de evitar “decisiones precipitadas”, por lo que propusieron hábil y astutamente una visita al jefe militar de la plaza, el general Riquelme, para que les informara de la verdadera situación militar de Barcelona. Como era habitual en los altos mandos del ejército, Riquelme no reconoció en ningún momento lo apurado de la situación, tranquilizando a los miembros de los comités directivos sobre la gravedad de las circunstancias bélicas en la ciudad condal. Pocas horas después, el propio Riquelme abandonaba Barcelona y en cuarenta y ocho horas, el 26 de enero de 1939, el primer tanque franquista entraba en la ciudad con una judía alemana encaramada a su torreta mientras realizaba el saludo fascista, tras ser liberada de la cárcel de Las Corts, donde había estado confinada acusada de trostkismo. La práctica totalidad de los valores bancarios había sido salvada de su salida al extranjero.

Poco después, se desplazaba a Barcelona santanderinos para hacerse cargo de los valores recuperados. Por el Banco de Santander efectuaron esa gestión el director gerente, Emilio Botín Sanz de Sautuola y el interventor, Marcos Ballesteros. El Banco Mercantil estaba representado por su director Luis Catalán y el consejero Eduardo Pérez de la Riva. El 20 de febrero de 1939, un convoy de siete camiones devolvía a las cajas fuertes del Banco de Santander y el Mercantil 356 cajas conteniendo valores por un total de 380 millones de pesetas. De éstas, 166 pertenecían al Banco de Santander y su valor ascendía a 320 millones de pesetas. Las del Banco Mercantil sumaban 360 millones de pesetas repartidos en 190 cajas. A ellas había que sumar 19 cajas pertenecientes a las sucursales de otros bancos privados establecidos en Santander, que alcanzaba un valor de 18 millones de pesetas. Faltaban los valores de la sucursal del Banco de España y del Monte de una comisión de los bancos locales Piedad, que ya localizados también, serían trasladados a Santander posteriormente.

Hacia la gran banca nacional (1939-1962)

Tras la Guerra Civil, y una vez ampliado de nuevo su capital en 1941, Botín Sanz de Sautuola diseñará un ambicioso plan de expansión para la entidad por él dirigida que se desarrollará en varias fases, a menudo simultáneas. En primer lugar se presentaba el control y consolidación del mercado regional, que realizará con la absorción del Banco de Torrelavega en 1942 y el audaz golpe de mano con el que consigue engullir el antaño todopoderoso Banco Mercantil en 1945, tras dura competencia con el Banco Español de Crédito. Fruto de esta última operación, el Santander entrará en el mercado castellano-leonés a través de la amplia red de sucursales de su extinto rival. Su capital asciende ya a 60 millones de pesetas.

El segundo nivel de expansión lo constituye el mercado nacional, en el que el Banco de Santander se establece paulatinamente en un proceso que dura décadas, en contraste con el rápido control logrado sobre el ámbito regional. Aguijoneado por una legislación restrictiva en materia de sucursales, la entidad inicia su expansión a través de la compra de otras sociedades de crédito. El punto de partida lo constituye en 1942 la absorción del Banco de Ávila, domiciliado en San Sebastián pero con oficinas en Madrid y Ávila. Una operación similar con el Banco Herrero de la Riva da entrada al banco en el mercado riojano. Ese mismo año de 1942 el Banco de Santander consigue inaugurar sucursales en Málaga y Sevilla. En los años siguientes, todo un rosario de entidades absorbidas jalonan la expansión del Santander en el mercado nacional: Banca Hijos de López (1952), Banco Agrario de Baleares (1953), Banco Soler y Torrá (1957), Banco Cid (1967), Banco Jaúdenes Bárcena, Banco de Fomento de Gerona y Mataró (1968), Banco Industrial de Barcelona (1969) y Banco Continental (1970). Con la apertura en 1975 de la sucursal de Soria se completa la presencia de la entidad cántabra en todo el territorio nacional.

La consolidación de un gran banco (1963-1985)

El tercer nivel viene representado por la extensión del negocio del Banco de Santander en el ámbito internacional y, especialmente, iberoamericano. Esta política va a ser desarrollada desde 1950 con Emilio Botín Sanz de Sautuola en la presidencia del banco, en tanto Pablo Tarrero pasa a ocupar la dirección general. El acuerdo de corresponsalía exclusiva y recíproca con el Trust Company of Cuba en 1947 inicia la presencia del Banco de Santander en el ámbito iberoamericano. Tres años después se abren representaciones en México, Argentina y Venezuela. La importancia de estos negocios comienza a cobrar tal importancia para el banco que en 1955 se crea un Departamento Iberoamericano. En 1964 se produce el establecimiento del banco en Buenos aires y tres años después en Panamá. En 1976 se lleva a efecto la absorción del First National Bank of Puerto Rico, que un año después se convierte en Banco Santander-Puerto Rico N.A. Distintas fechas marcan el establecimiento del banco en otras áreas hispanoamericanos: Santo Domingo, Costa Rica, El Salvador (1977), Guatemala (1978), Miami (1979), Nassau, Sao Paulo, Uruguay y Chile (1982). Paralelamente a este proceso, el Banco de Santander comienza a abrir representaciones en Europa, que inaugura la establecida en Londres en 1957. A ésta seguirán las de París (1972) y Frankfurt (1973). En 1985 las acciones del antiguo banco emisor santanderino empiezan a cotizar en el parqué londinense. Fuera de Europa, la constitución en 1975 del Banco Intercontinental Español (Bankinter), conjuntamente con el Bank of America supone un hito para la entidad que le hace posible la presencia en el mercado norteamiercano. Al año siguiente se inaugurará la sucursal de Nueva York.

Creación del grupo financiero internacional (1986-2011)

El año de 1986 es el del relevo en la presidencia del banco, que ahora pasa a ocupar Emilio Botín y García de los Ríos, hijo del anterior presidente. Botín Ríos había sido designado consejero en 1960, pasando cuatro años después a formar parte de la Comisión Ejecutiva. En 1967 recibe el nombramiento de director general y en 1971 es ya vicepresidente segundo. Tras obtener el cargo de consejero delegado en 1977, su ascenso a la presidencia de la entidad confirma la tradición familiar de ésta en su gerencia y administración. Pasados los años de la crisis bancaria de los setenta y primeros ochenta, que el banco sorteó liberándose de una incómoda cartera industrial formada a lo largo de los últimos treinta años de protección del régimen franquista a la industria, la segunda mitad de los ochenta resulta ser un período abiertamente expansivo, que consolida al Banco de Santander como uno de los primeros establecimientos del país. En 1987 el banco constituye con la Metropolitan Life la sociedad conjunta para operar en el campo de los seguros Santander- Met S.A. En el orden internacional ese mismo año presencia la apertura de una oficina de representación en Tokio, la constitución del Santander International Fund Management Company en Luxemburgo y la cotización de las acciones del banco en Wall Street.

Pero el momento en el que el Santander se desmarca definitivamente como uno de los dos gigantes bancarios de la economía financiera del país viene tras la crisis económica desatada en 1992. Intervenido Banesto por el Banco de España, su posterior subasta celebrada el 25 de Abril de 1994 otorgó a la entidad dirigida por Emilio Botín el control del 48,1% del mismo. En 1998, una OPA lanzada sobre el capital restante de Banesto aseguró al Santander el control efectivo del 97% del banco madrileño. En pleno proceso de redimensionamiento para afrontar los retos que la creación de un espacio económico europeo representa, el Santander buscó la alianza con los más destacados elementos de la gran banca nacional, logrando la fusión con el Banco Central Hispano, anunciada en Enero de 1999. Nace así el Banco Santander Central Hispano (BSCH), el segundo banco europeo por capitalización bursátil tras el Deutsche Bank. El mismo año de su constitución el BSCH consolidó importantes alianzas con otros bancos europeos: con el grupo Champalimaud para adquirir los bancos Totta & Açores y Crédito Predial Portugués y con el Royal Bank of Scotland en apoyo a su OPA sobre el Natwest. El año 2000 ha traído para el banco las adquisiciones del portal financiero en internet Patagon y del banco brasieño Banespa. Igualmente, el BSCH ha reforzado sus lazos con la francesa Société Générale, con participaciones mutuas en el capital social. Para afrontar este esfuerzo inversor, la entidad ha realizado una macroampliación que ha elevado su capitalización bursátil a 51.986,7 millones de euros.

En 1995 comienza un segundo período de intensa expansión en Iberoamerica que permite desarrollar el negocio en Argentina, Brasil, Colombia, México, Perú y Venezuela, al tiempo que se da un nuevo impulso a negocios ya existentes en Chile, Puerto Rico y Uruguay. A partir del año 2000 se incorporan al Grupo, Banespa en Brasil, Grupo Serfín en México y Banco Santiago en Chile. Con ello se afianza la posición del Grupo como primera franquicia financiera en Latinoamérica.

En 2003, el Grupo constituye Santander Consumer, al integrar la alemana CC-Bank, la italiana Finconsumo, Hispamer en España y otras sociedades del Grupo. Esta nueva franquicia de banca de consumo está presente hoy en 12 países europeos (España, Reino Unido, Portugal, Italia, Alemania, Holanda, Polonia, República Checa, Austria, Hungría, Noruega y Suecia), en Estados Unidos a través de Drive Finance y recientemente ha llegado a un acuerdo para iniciar su primera operación en Latinoamérica, en Chile.

En abril de 2004 se realizó el traslado de los servicios centrales en Madrid a la nueva Sede Corporativa, la Ciudad Santander, en la que hoy trabajan 6.800 profesionales.

Ese mismo año, en el mes de noviembre, tiene lugar otro hito relevante: la incorporación al Grupo de Abbey, sexto banco del Reino Unido.

En 2005 Santander llega a un acuerdo para la toma de participación del 19,8% en Sovereign Bancorp, banco número 18 de los Estados Unidos.

En 2006 el Santander obtiene un beneficio récord de 7.596 millones de euros, el mayor de cualquier empresa española e impulsa una fuerte inversión en la banca a clientes y calidad de servicios. “Queremos ser tu banco” en España y otras acciones emprendedoras en Portugal, Abbey y América, son ejemplos de este esfuerzo.

En 2007 Santander celebra su 150 aniversario siendo el duodécimo banco del mundo por capitalización bursátil, el séptimo por beneficios y la entidad con la mayor red de distribución minorista del mundo occidental: 10.852 oficinas. Santander lleva a cabo en consorcio con Royal Bank of Scotland y Fortis la operación de compra de ABN Amro, con la que se adjudica Banco Real en Brasil, doblando así su presencia en ese país.

En 2008, Santander siguió creciendo haciendo importantes adquisiciones en un mercado estratégico para el Banco como es Reino Unido. Así se incorporaron Alliance & Leicester y Bradford & Bingley, con lo que Santander alcanzó la cifra de 1.300 oficinas en el país y se convirtió en el tercer banco de Reino Unido por depósitos. Con 8.876 millones de euros de beneficio Santander se convierte en el tercer banco del mundo por resultados.

En 2009, Santander entra en el negocio de la banca comercial en EEUU con la adquisición de Sovereign, que cuenta con 722 oficinas en el noreste de los EEUU.

En Europa, Santander completa su presencia en 2011 con la adquisición del 100% del tercer banco de Polonia, el Bank Zachodni.

Grupo Santander es el cuarto banco del mundo por beneficios y el octavo por capitalización bursátil. En 2009, alcanzó un beneficio atribuido ordinario de 8.943 millones de euros, un 1% más que el año anterior, y repartió 4.919 millones de euros en forma de dividendos.

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